El tamaño del mercado de la restauración en Europa es impresionante: se espera que en 2026 supere los 1 billón de euros, y que después siga creciendo con un ritmo anual alrededor de 9% hasta 2031. Números que cuentan la historia de un sector sólido y en evolución.
El segmento de la comida para llevar desempeña un papel fundamental en este contexto. Su crecimiento está impulsado por una dinámica obvia: ritmo de vida más rápido, mayor movilidad, necesidad de soluciones prácticas que no sacrifiquen el sabor. La comida para llevar ya no es un canal más, sino una forma diferente de consumirmás rápido, más flexible, menos atado al tiempo y al espacio del restaurante.
La posibilidad de consumir comida para llevar es válida todo el año, pero resulta aún más atractiva durante la temporada cálida. Con la llegada de los meses más cálidos, aumentan las oportunidades de consumo al aire libre, informal y a menudo improvisado, aumentan significativamente. Y así se abre un espacio concreto para quienes sean capaces de interceptarlos.
La verdadera oportunidad del consumo al aire libre
Cuando se habla de consumo al aire libre, los pensamientos se dirigen al picnic. La imagen es correcta pero limitadora, porque se trata de una ocasión esporádica que se trata de forma independiente: se cocina en casa, se organiza con antelación, se lleva todo consigo. No es ahí donde se juega.
El consumo fuera del hogar se fragmenta en una serie de momentos repartidos a lo largo del día y a menudo no planificados. La pausa para comer que se traslada del escritorio a un banco al sol, el almuerzo rápido entre compromisos, el aperitivo informal al aire libre, el tiempo de ocio en el parque o simplemente el deseo de comer algo fuera sin entrar en un club. Son situaciones diferentes, pero con un rasgo común: requieren soluciones inmediatas y prácticas diseñadas para consumirlas en cualquier lugar.
Sin embargo, hay un aspecto que no debe subestimarse: el cliente ya no se conforma con lo que encuentra. Incluso en contextos informales y rápidos, pregunta calidad, variedad, equilibrio y satisfacción general. Para el restaurador, no se trata sólo de satisfacer una necesidad, hay que hacerlo bien.
Cómo hacerlo: mejorando lo que hay o construyendo desde cero
Hay dos situaciones posibles. Por un lado, están los locales que ya trabajan con comida para llevar (bares, pizzerías al corte...), interceptar estas oportunidades a diario; por otro, hay restaurantes y pizzerías que siguen basando su modelo casi exclusivamente en el consumo cinematográfico, dejando fuera una parte creciente de la demanda.
- Para los del primer grupo, el riesgo es piensa que ya lo has hecho todo. En realidad, interceptar la demanda no significa poder explotarla de la mejor manera posible. La comida para llevar funciona y genera flujos, pero a menudo se basa en propuestas establecidas, diseñados más para la simplicidad y la marginalidad que para responder a estos nuevos modos de consumo.. Aquí no hace falta revolucionarlo todo, sino dar un paso adelante: comprender si lo que se vende por comodidad puede convertirse en una elección consciente para el cliente. Porque ahí es donde se marca la diferencia entre atender una necesidad y que puede transformarlo en crecimiento continuo.
- Los que pertenecen al segundo grupo deben darse cuenta de que sólo interceptan una parte de la demanda, y por tanto gana menos de lo que podría. No es necesario anular la identidad y la propuesta, pero se puede empezar a interceptar la necesidad con una oferta dedicada, aunque sea pequeña pero bien pensada. Porque el riesgo no es tanto perder la venta ocasional, sino dejar sitio a otros en un terreno que, sobre todo durante la temporada cálida, adquiere cada vez más relevancia.
En ambos casos, no se trata para llevar, sino diseñar una oferta coherente con este modo de consumo. A menudo es necesario un cambio de perspectiva: no vender para el consumo al aire libre lo que nace para la mesa, sino pensar en productos y formatos que también funcionen fuera del recinto.
Pinsa como plato para llevar: una respuesta concreta al consumo al aire libre
En este punto, la pregunta es: qué características debe tener un plato ¿para satisfacer este modo de consumo? También en este caso el argumento se duplica según el punto de vista: la del consumidor y la del restaurador.
- Para el consumidor, Necesitamos soluciones que sean fáciles de transportar y comer en cualquier sitio, incluso sin cubiertos, y que conserven la calidad y el sabor incluso pasados unos minutos. Además, hay una demanda creciente de variedad, calidad y reconocibilidadno el “bocadillo de siempre”, sino algo que satisfaga y sorprenda, incluso en un entorno informal.
- Desde el punto de vista del restaurador, entran en juego diferentes necesidades: productos fáciles de manipular, reproducibles, con tiempos de preparación sostenibles y márgenes correctos. Todo ello sin sobrecargar la cocina ni alterar el menú, sino potenciando lo que ya existe.
En este equilibrio se juega el consumo al aire libre. Y es aquí donde soluciones como la Pinsa encontrar un espacio realmente interesante.
Pinsa es perfecto para llevar
Pinsa funciona bien tanto para los que lo comen como para los que lo ofrecen. No por una sola razón, sino por un conjunto de características que lo hacen perfecto para un consumo rápido, móvil y a menudo improvisado.
Para el consumidor, Pinsa es ante todo un producto de calidad. Para quienes aún no estén familiarizados con ella, una eventualidad rara pero posible, también es una propuesta diferente, capaz de intrigar y distinguirse de platos muy populares como la pizza.
Además un fuerte sentido prácticoEs fácil de porcionar, se presta tanto al consumo compartido como al individual y no requiere cuidados especiales. Resiste el transporte, mantiene una buena calidad a lo largo del tiempo y se adapta a diferentes contextos, desde un almuerzo rápido hasta un aperitivo al aire libre.
Sin embargo, desde el punto de vista de los operadores, la principal ventaja es la flexibilidad. Pinsa se integra fácilmente en las cocinas existentes, sin requerir procesos complejos ni largos tiempos de preparación. Permite trabajar de forma estandarizada, manteniendo el control sobre la calidad y los costes, y al mismo tiempo deja margen para personalizar la oferta.
La oferta Di Marco va en esta dirección. Los fundamentos son disponible congelado y refrigerado, en diferentes formatos y tamaños, para adaptarse a los distintos momentos de consumo. Van desde la Pinsa entera, pensada para una comida completa (pero fácilmente racionable), hasta soluciones más esbeltas para la comida callejera, como el Sonrisa, práctica e inmediata.
El resultado es un producto que no sólo funciona al aire libre, sino que ayuda a construir una oferta ganadora y fácilmente gestionable. Por supuesto, nada prohíbe a partir de harinas, si se tienen las habilidades y las herramientas del oficio.
Cómo crear una oferta Pinsa realmente eficaz (para el exterior)
No es necesario un menú interminable. Al contrario, en el consumo al aire libre a menudo funciona al revésPocas propuestas, claras, pensadas para interceptar diferentes necesidades. El objetivo no es impresionar con la cantidad, sino cubrir bien los principales gustos y necesidades.
- Un diseño Pinsa para los que tienen poco tiempo y quiere algo práctico pero satisfactorio. Condimentos sencillos, sabores equilibrados, fácil de comer mientras se camina. Es la evolución natural del sándwich rápido, pero con más carácter y calidad.
- Una pinsa gourmet. Aquí se sube ligeramente el listón con ingredientes más refinados, combinaciones estudiadas y más atención a la presentación. Permite aumentar el recibo medio sin complicar en exceso la cocina.
- Pinsa ligera y/o de temporada. Veamos también una propuesta más fresca, quizá relacionada con la temporada, con ingredientes ligeros y combinaciones sencillas. Perfecto para los meses más cálidos y para los que buscan algo menos exigente pero sabroso.
Esta lógica permite construir una oferta compacta pero completa, capaz de adaptarse a diferentes contextos y momentos sin aumentar la complejidad en la cocina.