Septiembre es el momento en el que los restauradores revisan el menú y evalúan nuevas oportunidades, entre las que destaca la introducción de la pinsa. Las razones son evidentes: el éxito de los últimos años, la versatilidad de la pinsa y la posibilidad de ofrecerla en diferentes momentos, Desde el aperitivo hasta el plato principal.
El reto es convertir el interés en una inversión sostenible. Si no tienes mucha experiencia, podrías pensar que la inversión es simplemente el coste de las materias primas, pero ten en cuenta que no es así. Más bien, reflexiona sobre la gestión de los equipos, la organización de los espacios, la formación del personal y las existencias iniciales, pero también sobre la elección entre la producción propia y las bases ya preparadas así como sobre el impacto de la nueva propuesta en el trabajo de la cocina.
No existe una solución perfecta para todo el mundo. En qué y cuánto invertir depende de cuál sea tu situación inicial y del objetivo que te marques. Veamos, pues, tres casos bastante habituales.
Local ya equipado: la mayor inversión se destina a la formación del personal
Si el local ya cuenta con horno, amasadora y espacio de trabajo, incluye la pinsa en la nueva carta. requiere una inversión económica moderada, pero sería simplista pensar que basta con eso comprar nuestras harinas y añadir alguna propuesta al menú por haber ganado el partido.
Disponer ya del equipo es sin duda una ventaja, pero También se necesitan las competencias adecuadas para crear un producto de calidad, reconocible y diferente de los de los demás.
Nuestro consejo es trabajar en tres frentes:
- Formar al personal sobre el producto y el método, comprobando que los equipos y procesos existentes sean compatibles con la preparación de la masa, la fermentación, el extendido y la cocción de la pinsa. Hay que recordar siempre que La pizza y la pinsa no son lo mismo.
El objetivo no es revolucionar la cocina, sino integrar la producción sin provocar retrasos ni resultados irregulares.
- Asignar a la pinsa un lugar concreto en el menú a través de formatos y rellenos que No aceptan la propuesta de la pizza. La pinsa puede convertirse, por ejemplo, en un plato para compartir, una propuesta para el aperitivo o una base para combinaciones sofisticadas.
- Explicar claramente la diferencia, tanto en la carta como a través del personal de sala. Si el cliente comprende la esencia de la pinsa, resulta más sencillo ponerla en valor, detectar nuevas necesidades y reducir el riesgo de que la pinsa simplemente quite pedidos de los platos que ya figuran en la carta.
En este caso, el retorno de la inversión no depende tanto del ahorro en equipamiento como de la capacidad para convertir los recursos de los que dispones en una nueva oferta, distintivo y fácil de integrar en el servicio.
Restaurantes y bares: partir de bases precocinadas para eliminar el riesgo
Para un restaurante clásico o un pub, Los fundamentos de la pinsa Los productos precocinados son la forma más accesible de introducir un nuevo producto. Las ventajas son evidentes: partir de lo básico no requiere una línea de producción y reduce considerablemente el tiempo necesario para adquirir competencias específicas. La inversión inicial es mínima y Un periodo de prueba permite comprobar el interés de los clientes antes de ampliar el servicio.
Sin embargo, tampoco en este caso la inversión se limita a la compra de las bases.
- El personal conoce el producto ¿Y sabe cómo terminar correctamente la preparación?
- La sala tiene capacidad para ¿Contarlo?
- Las propuestas seleccionadas son en consonancia con el público al que ya se atiende ¿O pueden atraer a nuevos clientes?
Para acelerar el retorno de la inversión (ROI), conviene centrarse en tres ámbitos:
- Formar al personal de cocina y de sala sobre el producto. Si utilizas bases precocinadas, la inversión en formación será menor que la que se requiere en los locales que elaboran la pinsa internamente a partir de la harina. No obstante, sigue siendo necesario formar al personal en la la cocción adecuada, el acabado y la presentación y sobre cómo presentar el producto al cliente.
- Diseñar una oferta coherente con el público objetivo, evitando añadir al menú una opción genérica. En un pub, la pinsa puede acompañar la oferta de bebidas o ser un plato para compartir; en un restaurante, puede convertirse en un entrante, una alternativa informal o una propuesta relacionada con platos concretos que ya figuran en la carta.
- Invertir en comunicación, porque quienes ya conocen el local Difícilmente descubrirá la nueva oferta si no tiene un motivo para hacerlo.. El menú, los canales digitales, las ofertas de prueba y el personal de sala deben poner de relieve la novedad y dejar claro qué experiencia aporta.
La inversión limitada y la posibilidad de introducir el servicio de forma gradual acorta los plazos de recuperación, pero para que esta ventaja se traduzca en un resultado concreto, es fundamental destinar un pequeño presupuesto a la el desarrollo de la oferta y la generación de demanda.
Abrir o renovar un local apostando por la pinsa
El tercer caso se refiere a quienes abren un local desde cero o renuevan un negocio ya existente y deciden dar a la pinsa un lugar destacado en la carta. No es necesario que sea el único producto que se ofrezca, pero debe contribuir de forma evidente a la identidad del proyecto y ser uno de los motivos por los que el cliente elija precisamente ese local.
La inversión es más complejo que los casos anteriores. Además de los equipos para amasar, fermentar, conservar y hornear, también entran en juego el diseño de los espacios, la formación del personal, el desarrollo de recetas, la organización de los flujos y la selección de proveedores. A estas partidas hay que añadir las relacionadas con el posicionamiento: identidad visual, comunicación, lanzamiento y actividades necesarias para dar a conocer la propuesta.
Aquí también, Las condiciones de viabilidad económica del proyecto dependen de varios aspectos:
- Diseñar la línea de producción partiendo de los volúmenes previstos, eligiendo equipos y espacios que permitan trabajar de forma continuada sin que la inversión inicial sea excesiva. La producción interna también puede desarrollarse por fases, siempre y cuando las decisiones iniciales no limiten su evolución.
- Invertir en una identidad reconocible, que permita comprender de inmediato el papel de la pinsa y la experiencia que promete el local. El marketing no solo sirve para promocionar una novedad: Debe generar expectación y llegar al público más adecuado y convertir la especialización en un elemento distintivo.
- Aprovecha al máximo la versatilidad de la pinsa. El producto creado por Corrado, Di Marco, se puede aprovechar en múltiples ocasiones, desde una propuesta individual hasta un plato para compartir, desde el aperitivo hasta una comida completa, pasando por el postre. Una línea bien diseñada permite utilizar pocos ingredientes, Controlar bien las existencias y aumentar las posibilidades de venta sin multiplicar innecesariamente las operaciones de procesamiento.
- Complementar la producción interna con un stock de bases precocinadas. Un modelo híbrido permite ajustar la producción diaria a los volúmenes habituales y recurrir a las bases ya preparadas en los en momentos de mayor afluencia o cuando la demanda supera las previsiones. De este modo, el local puede mantener la producción propia como eje central de su oferta, al tiempo que cuenta con una reserva que garantiza la rapidez del servicio.
Por lo tanto, la recuperación de la inversión no depende únicamente del margen de cada Pinsa, sino también de la capacidad de atraer clientes al local, mantener el ticket medio y hacer que la oferta sea menos fácil de imitar por parte de la competencia. Al menos a corto plazo.
Cómo calcular el retorno de la inversión
Una vez identificado el caso más parecido a tu negocio y las partidas de inversión correspondientes, como ¿Puedes calcular el tiempo que se tardaría en recuperarlas?
El primer paso consiste en sumar los costes iniciales en los que se ha incurrido para introducir la pinsa. Según el caso, pueden incluir la adquisición o adaptación del equipamiento, la formación, el diseño de la carta, el primer stock, el material promocional y las actividades de lanzamiento.
A continuación, calcula el margen medio de cada pinsa vendida. Del precio hay que restar los costes directos e indirectos que se repiten en cada pedido: la base precocida o las harinas y demás ingredientes de la masa, los condimentos, el embalaje, la energía empleada en la preparación, las posibles comisiones del servicio de reparto y la mano de obra necesaria para elaborar y servir la pinsa. En cambio, no tienes que volver a restar el coste del horno, de la formación o del lanzamiento, porque es precisamente esa inversión la que deberá recuperarse con el margen generado por las ventas.
Llegados a este punto, el cálculo es sencillo:
- Inversión inicial ÷ margen medio por pinsa = número de Pinse que hay que vender para recuperar la inversión.
Si divides el resultado entre la facturación media de cada semana o mes, obtendrás una primera estimación de los plazos de retorno. Es mejor elaborar un escenario prudente, sobre todo en la fase inicial, y tener en cuenta únicamente las ventas realmente adicionales: si la pinsa sustituye a un plato que el cliente habría pedido de todos modos, la ventaja real equivale a la diferencia entre los dos márgenes.